El nuevo desafío de la energía solar en Colombia: hacer más con cada megavatio generado
La industria está avanzando hacia un modelo en el que la infraestructura física y la inteligencia operativa deben trabajar juntas. El objetivo no es únicamente producir energía, sino optimizar cada megavatio generado.
Bogotá, 5 de octubre de 2026. El sector renovable en Colombia ha superado su fase de expansión inicial para entrar en la madurez operativa. Durante el primer semestre de este año, el Sistema Interconectado Nacional (SIN) integró 55 proyectos de generación y dos de transmisión, demostrando que con esta base instalada, la prioridad actual para este segundo semestre es migrar hacia la optimización de la matriz energética, donde el desafío técnico y financiero ya no es solo conectar capacidad, sino potenciar la infraestructura del SIN, lograr la máxima rentabilidad y eficiencia tecnológica de cada panel que ya genera o que está en construcción.
Este cambio de foco se da en un contexto donde la energía fotovoltaica superó por primera vez al carbón en la matriz eléctrica nacional al alcanzar 4.473,8 gigavatios hora (GWh), en comparación con los 3.564,2 GWh del carbón, representando un volumen 25 % superior, según cifras de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME).
“La transición energética no consiste únicamente en tener más infraestructura, sino en aprender a hacer más con cada megavatio que ya tenemos. Por ello, desde Zentrack desarrollamos para Colombia y la región, soluciones integradas de trackers solares, subestaciones eléctricas contenerizadas, y plataformas de monitoreo y control para ayudar a optimizar el desempeño de los activos fotovoltaicos y acelerar la transición energética de la región con el objetivo de que sea realmente eficiente, rentable y sostenible a mediano y largo plazo en el país”, señala Angie Ortega, CEO y Cofundadora de Zentrack.
Para responder a este reto, el mercado está dejando atrás las plantas solares tradicionales de gran tamaño, para dar paso a ecosistemas inteligentes capaces de convertir cada panel instalado en una fuente de mayor rentabilidad. En la práctica, este esfuerzo de optimización se evidencia en varias tendencias operativas:
- Seguidores solares como estrategia financiera: maximizan la exposición de los paneles a la radiación a lo largo del día, elevando entre un 15 y un 25 % la curva de generación específica, de ésta manera crecen los retornos de inversión, reducen el payback, e incrementan las tasas internas de retorno.
- Sistemas de control que actúan en tiempo real: permiten visualizar el comportamiento de cada componente del proyecto, detectar anomalías (técnicas e incluso climáticas) para reaccionar a las mismas en tiempo real con acciones rápidas y eficaces, minimizando el impacto económico.
- Tropicalización estructural: el sistema es diseñado y adaptado a las condiciones climáticas y operativas de Colombia. Esto incluye desde la configuración de los perfiles metálicos y la selección de motores y controladores, hasta la incorporación de estaciones meteorológicas que permiten considerar variables como radiación solar, temperatura, viento y lluvia en la operación.
Este cambio de paradigma aterriza en un momento regulatorio clave para Colombia. Con los avances en la normativa para habilitar sistemas de almacenamiento de energía en baterías a gran escala, que permite guardar la producción diurna para despacharla durante el pico de demanda nocturna, la eficiencia cobra un valor doble.
“No se trata únicamente de incorporar nuevos equipos, sino de utilizar tecnología e información que aporten para conseguir una mayor generación energética y reducir los riesgos que pueden afectar los ingresos del activo. Un proyecto solar es un negocio de largo plazo. Por eso, las decisiones tecnológicas deben evaluarse por el valor que son capaces de generar durante décadas, no solamente por cuánto cuestan al momento de instalarlas”, finaliza Ortega.
El crecimiento de la capacidad renovable no solo demanda nuevas inversiones en infraestructura, sino también integrar nuevas tecnologías para responder con mayor precisión a la operación del sistema. En esta nueva etapa, la competitividad del sector dependerá de qué tan preparada está la industria para combinar infraestructura, datos y conocimiento técnico, de manera que la expansión de las energías renovables se traduzca en proyectos sólidos y sostenibles en el largo plazo.

