Más allá de usar IA: formar una nueva cultura de seguridad
Por:Javier Fernández, Gerente de ventas de la región NOLA de BeyondTrust
La Inteligencia Artificial está transformando la manera en que las organizaciones operan, automatizan procesos y toman decisiones. De acuerdo con Phantom Labs, el equipo de investigación de BeyondTrust, algunas empresas ya operan con más de 1.000 agentes de Inteligencia Artificial, sin que los equipos de seguridad tengan plena visibilidad sobre su existencia o sobre los privilegios con los que acceden a los sistemas corporativos, y sin que el área de riesgos pueda cuantificar económicamente el impacto al que se exponen por ello. Este panorama demuestra que la adopción de la IA puede avanzar más rápido que la capacidad de gobierno que tienen las organizaciones, haciendo necesario fortalecer no solo los controles tecnológicos, sino también la preparación de las personas que interactúan con estas herramientas.
En este escenario, las nuevas generaciones representan uno de los grupos con mayor afinidad hacia las tecnologías digitales y la IA. Aunque no suelen ocupar posiciones de toma de decisiones, sí pueden interactuar desde sus primeros días con aplicaciones corporativas, plataformas colaborativas y herramientas basadas en IA. Por ello, las empresas necesitan ir más allá de enseñar cómo funcionan estas tecnologías y empezar a formar criterio sobre su uso en sus empleados. Comprender qué información puede compartirse, qué herramientas están autorizadas y cuáles son los riesgos existen detrás de un acceso o una credencial es parte de la formación que hoy debería acompañar la incorporación de cualquier nuevo colaborador.
Cuando saber usar una herramienta no es suficiente
Una empresa que quiere utilizar IA de manera responsable necesita políticas de uso aceptable claras, para que los empleados puedan entenderlas y aplicarlas sin lugar a dudas. Esto implica definir casos de uso aceptables, qué tipo de información puede introducirse en una herramienta, quién puede acceder a determinados datos y explicar qué hacer cuando una situación no está contemplada en las políticas. Las reglas, por sí solas, no construyen una cultura: deben convertirse en criterios que los colaboradores puedan aplicar en sus decisiones cotidianas, llegando a formar parte de la cultura digital de la organización.
Hay situaciones que ya forman parte de la rutina laboral. En una reunión virtual puede ser habitual que una herramienta de IA se incorpore para transcribir y resumir la conversación. La pregunta no debería ser únicamente si esa función resulta útil, sino también qué información está procesando, a qué datos tiene acceso y dónde termina almacenada. Si algo es gratis, el producto eres tú. Lo mismo ocurre cuando un colaborador utiliza una herramienta de IA para apoyar una tarea: ¿Está aprobada por la organización?, ¿Qué información se está cargando?, ¿Quién puede acceder a ella posteriormente? Son preguntas sencillas que ayudan a desarrollar el criterio necesario para utilizar estas tecnologías de manera responsable.
La capacitación debe formar parte de la cultura organizacional desde el primer día. Un nuevo empleado necesita conocer no solo las políticas de IA, sino también las prácticas básicas que protegen a la organización: reconocer intentos de phishing, cuidar sus credenciales, utilizar contraseñas de manera segura y comprender por qué no todos los accesos deben estar disponibles para todos los usuarios. En un entorno donde las identidades se han convertido en un punto central de la seguridad, enseñar a las personas a protegerlas es tan importante como enseñarles a utilizar las herramientas con las que trabajan.
La seguridad como parte de la cultura
En este sentido, educar a los nuevos colaboradores no significa frenar la adopción de la IA, sino potenciarla a través de su uso correcto. Significa crear las condiciones para que todos puedan aprovecharla con mayor confianza. Las empresas que logren combinar políticas claras, capacitación continua y una cultura preparada para adoptar estas tecnologías, estarán mejor posicionadas para acompañar su evolución sin convertir cada nueva herramienta en un nuevo riesgo no controlado.
La cultura de seguridad no se construye únicamente desde las áreas técnicas. Se construye desde el liderazgo, desde los procesos, y se refuerza en cada interacción con la tecnología. Preparar a las nuevas generaciones para trabajar con IA implica enseñarles no solo a utilizarla, sino también a entender sus implicaciones, tomar decisiones responsables frente a la información que manejan y reconocer que la seguridad es parte de la manera en que cada organización trabaja. En una era donde la tecnología cambia constantemente, desarrollar ese criterio desde el primer día puede convertirse en una de las defensas más importantes de una organización.

