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Nueva York y Miami: 4 señales de por qué están en el radar del capital inmobiliario para 2026

En Estados Unidos, el cambio en la política monetaria comenzó a redefinir las condiciones del mercado inmobiliario. En ese nuevo escenario, Nueva York y Miami vuelven a posicionarse como focos estratégicos de inversión, cada una por razones distintas, pero complementarias.

Colombia- 2026. El nuevo ciclo financiero en Estados Unidos está redefiniendo el marco de decisión para el capital latinoamericano. Tras un 2025 más desafiante para invertir, la Reserva Federal cerró el año con un recorte de tasas que ubicó el rango objetivo en 3.5 %–3.75 %. Este cambio marca el inicio de una etapa con mayor visibilidad para planificar y diversificar con criterios más objetivos.

En paralelo, el panorama monetario de América Latina sigue marcado por tasas elevadas y desafíos estructurales. En México, el banco central cerró el año con una tasa de referencia de 7 %; en Colombia, se mantuvo en 9.25 %; y en Argentina, si bien continúa el proceso de desinflación, la alta nominalidad sigue condicionando las decisiones de inversión: el IPC de noviembre fue del 2.5 % mensual y del 31.4 % interanual.

En este contexto, cuando el costo del dinero permanece alto y el margen de error se reduce, adquieren mayor valor los entornos predecibles, las monedas más sólidas y los marcos institucionales claros. Por eso, una parte del capital regional vuelve a orientarse hacia Estados Unidos como vehículo estratégico de preservación y diversificación patrimonial.

Con la baja de tasas ya en marcha, el mercado inmobiliario de Estados Unidos muestra señales claras de reactivación. En este nuevo entorno, vuelven a tomar protagonismo dos factores clave: la escala de los activos y la selectividad en los mercados. En el segmento multifamily, por ejemplo, crece el interés por nuevas transacciones a medida que disminuye la presión del financiamiento y mejora la capacidad de análisis y planificación de los inversores.

Dentro de ese mapa, Nueva York y Miami se consolidan como polos de atracción por razones distintas pero complementarias. Nueva York reafirma su relevancia estructural entre los mercados primarios, con señales concretas de recuperación en varios submercados.

Miami, por su parte, mantiene una proyección destacada: ocupa el tercer puesto en el ranking Emerging Trends in Real Estate 2026, un informe anual elaborado por PwC y ULI que identifica los mercados más atractivos del país para inversión y desarrollo inmobiliario, en función de su dinamismo, fundamentos económicos y perspectivas de crecimiento. Además, sigue entre las ciudades con mayor actividad en el segmento multifamily, respaldada por una demanda sostenida y flujos de inversión diversificados.

Dividenz, plataforma líder de inversión en Real Estate en EE. UU., identifica 4 señales clave que ayudan a entender por qué estos mercados están presentes en el radar de los inversores latinoamericanos durante este año.

Señal 1. El giro de la FED: más previsibilidad y nuevas condiciones para el Real Estate

El cambio de fase en la política monetaria de EE. UU. comenzó a redefinir el entorno para invertir. En diciembre de 2025, la Reserva Federal aplicó una baja de 25 puntos básicos y dejó la tasa de referencia en el rango de 3.50 %–3.75 %. Este ajuste no implica un alivio inmediato en todos los costos financieros, pero sí devuelve visibilidad al mercado y mejora las condiciones para proyectar nuevas operaciones.

En el sector inmobiliario, esto empieza a reflejarse en mayor actividad: la baja de tasas mejora el diferencial de rendimiento, reanima los procesos de refinanciamiento y facilita la reestructuración de hipotecas. Según informes recientes, también ha contribuido a que los inversores se sientan más cómodos con la toma de decisiones, especialmente en segmentos como el multifamily.

Señal 2: Nueva York: El valor de un mercado que no depende de modas

Nueva York se distingue por ser un mercado cuya fortaleza no depende de ciclos de moda. Su atractivo se apoya en fundamentos sólidos: una oferta de suelo limitada, una demanda estructuralmente alta y un rol central como núcleo financiero y económico global.

Con proyecciones de crecimiento de precios cercano al 5% en 2025 y una absorción récord en el segmento multifamily, la ciudad garantiza una ocupación casi inmediata. Para el inversor, esto se traduce en mayor liquidez: Nueva York es un mercado con alto volumen y diversidad de compradores.

Entre sus submercados, zonas como Jackson Heights destacan por su demanda sostenida y su potencial de valorización. Este tipo de ubicaciones combina la escala de Nueva York con flujos estables de ocupación, lo que las posiciona como una opción estratégica dentro de un portafolio diversificado.

Señal 3: Miami: Un motor impulsado por capital propio

A diferencia de otros mercados, Miami combina un fuerte dinamismo interno —impulsado por la migración doméstica dentro de Estados Unidos— con una demanda internacional robusta, especialmente de América Latina. Esta doble fuente de capital le otorga una resiliencia particular: según datos de octubre de 2025, el 38.8 % de las transacciones totales se realizaron al contado, y en el segmento de condominios esa proporción ascendió al 50.8 %. Aunque no elimina el impacto de las tasas, esta característica atenúa su efecto: cuando una parte significativa del mercado no depende del crédito hipotecario, se reduce la sensibilidad a los costos de financiamiento.

El respaldo externo también es decisivo. En 2025, el 45% de las compras de extranjeros en Florida se concentró en el área metropolitana de Miami–Fort Lauderdale–West Palm Beach. Dentro de ese grupo, el 64% provino de América Latina y el Caribe, consolidando a la región como motor clave de la demanda inmobiliaria.

Señal 4: Marco institucional sólido y eficiencia operativa

La solidez de una inversión patrimonial se apoya no solo en la calidad del activo, sino también en la previsibilidad del entorno jurídico, fiscal y operativo. En este sentido, mercados como Nueva York y Miami ofrecen ventajas estructurales: entornos normativos estables, marcos regulatorios consolidados y reglas claras que rigen tanto la tenencia como la administración de activos inmobiliarios.

Nueva York aporta una base institucional robusta, alto volumen de transacciones, participación de inversores sofisticados y acceso a diversas fuentes de financiamiento. Miami, por su parte, combina dinamismo de mercado con una demanda internacional sostenida, y una mayor proporción de operaciones en efectivo, lo que reduce la exposición a las variaciones de tasas y fortalece su resiliencia.

Para inversores latinoamericanos que buscan preservar su patrimonio en una moneda robusta y operar en contextos más previsibles, estos atributos representan una ventaja competitiva: permiten una planificación más precisa y respaldada por normativas estables.

Al respecto, Iván Chomer, CEO de Dividenz, señala que “invertir en mercados como Nueva York o Miami no es solo una decisión inmobiliaria, sino una estrategia de preservación de valor. La confianza del inversor latinoamericano se apoya en tres pilares: una moneda sólida, marcos regulatorios estables y la profundidad de estos mercados, que sostienen su dinámica incluso en contextos más exigentes.”

De cara a 2026, el foco ya no está en anticipar movimientos de corto plazo, sino en aplicar un enfoque disciplinado: definir objetivos patrimoniales claros, priorizar activos con fundamentos operativos verificables y seleccionar mercados que ofrezcan escala, transparencia y continuidad institucional. Bajo ese prisma, Nueva York y Miami no compiten entre sí; funcionan como piezas complementarias dentro de una estrategia de diversificación internacional más amplia.

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