Factoring ya mueve más de $48 billones en Colombia y gana protagonismo ante el nuevo panorama económico
El mecanismo ya representa cerca del 3% del PIB nacional y ha gestionado más de 1,7 millones de facturas a través de RADIAN, consolidándose como una herramienta estratégica para fortalecer la liquidez empresarial.
Inflación entre 5% y 6,3%, tasas de interés del 12%, volatilidad cambiaria y un aumento cercano al 100% en los fletes marítimos están presionando las decisiones de compras y abastecimiento durante el segundo semestre de 2026.
Según Suplos, las organizaciones que integran financiamiento de proveedores, digitalización y analítica tienen mayores capacidades para reducir riesgos operativos y garantizar la continuidad de suministro.
Colombia, julio de 2026. El segundo semestre comenzó con un panorama que está obligando a las empresas colombianas a replantear la forma en que gestionan sus compras y su liquidez. La llegada del nuevo Gobierno, una inflación proyectada entre el 5% y el 6,3%, una tasa de interés de política monetaria del 12%, la volatilidad cambiaria y el incremento de los costos del transporte marítimo están elevando la presión sobre las cadenas de suministro y reduciendo la capacidad de anticipación de las organizaciones.
De acuerdo con Suplos, plataforma tecnológica especializada en procesos de compras y gestión de proveedores para grandes organizaciones, este tipo de transiciones suele acelerar la revisión de contratos con cláusulas de ajuste cambiario, aplazar decisiones de inversión hasta conocer el rumbo de la política económica y fortalecer herramientas que protejan el capital de trabajo sin depender exclusivamente del crédito tradicional.
«Las organizaciones que mejor enfrentan estos escenarios no son necesariamente las que cuentan con mayor capacidad financiera, sino aquellas que pueden reaccionar con rapidez. Hoy las áreas de compras deben gestionar, al mismo tiempo, costos, riesgo financiero y disponibilidad de proveedores, apoyándose en información en tiempo real para reaccionar en semanas, no en meses», afirma Oskar Sarquis, CEO de Suplos.
El comportamiento del dólar será uno de los principales indicadores para las áreas financieras durante el resto del año, con un rango estimado entre $3.300 y $3.800 por dólar, dependiendo de la confianza que genere la política fiscal del nuevo Gobierno. A esto se suma que los fletes marítimos pasaron de cerca de US$2.100 a más de US$4.500 por contenedor de 40 pies entre febrero y julio de 2026, incrementando el costo de importar materias primas, insumos y maquinaria.
En este contexto, el factoring se consolida como un componente estratégico dentro de la gestión del abastecimiento. Actualmente moviliza más de $48 billones, equivalentes a cerca del 3% del PIB colombiano, y registra alrededor de 1,7 millones de facturas endosadas a través de la plataforma RADIAN de la DIAN.
«El factoring dejó de ser una herramienta pensada únicamente para resolver necesidades de liquidez. Hoy permite que los proveedores estratégicos mantengan acceso a capital de trabajo, reduciendo el riesgo de retrasos en la producción o el abastecimiento cuando el entorno financiero se vuelve más exigente», explica Sarquis.
Para las empresas compradoras, facilitar el acceso de sus proveedores a mecanismos como el factoring o el confirming también mejora su capacidad de negociación, preserva su liquidez, reduce el riesgo de quiebres de inventario y fortalece relaciones comerciales de largo plazo. Además, la integración con la facturación electrónica y plataformas digitales ofrece mayor trazabilidad para gestionar riesgos y tomar decisiones con información más oportuna.
Este cambio adquiere mayor relevancia en un país donde menos del 15% de las microempresas accede al crédito tradicional. Frente a este panorama, cada vez más organizaciones están incorporando herramientas tecnológicas para fortalecer sus procesos financieros: cerca de seis de cada diez empresas colombianas proyectan implementar soluciones de automatización financiera hacia 2027, integrando la gestión de compras, proveedores y financiamiento en un mismo ecosistema.
«Las empresas más competitivas ya no administran únicamente precios o tiempos de entrega; gestionan el riesgo de toda su red de proveedores y utilizan la tecnología para anticiparse a los cambios del mercado. Esa capacidad de adaptación será uno de los principales diferenciales competitivos en los próximos años», concluye Sarquis.

