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La infraestructura de pagos evoluciona en 2026 hacia modelos más flexibles y eficientes

Bogotá, enero de 2026.  El sector de infraestructura de pagos cerró 2025 con una clara tendencia hacia modelos más flexibles y robustos para impulsar el crecimiento del comercio electrónico, la diversificación de métodos de pago y la expansión de las empresas a nuevos mercados.

Este entorno aceleró la transformación de los sistemas de pago, que hoy ganan relevancia como un habilitador clave de eficiencia operativa y experiencia del usuario. De acuerdo con The 2025 Global Payments Report de McKinsey & Company, las empresas están invirtiendo cada vez más en arquitecturas capaces de adaptarse a distintos países y regulaciones, así como a las crecientes demandas de rapidez, seguridad y conveniencia de los consumidores.

Durante el último año, las organizaciones avanzaron en la adopción de soluciones que les permitieran operar con mayor agilidad frente a un panorama cada vez más dinámico. La necesidad de gestionar distintas monedas, regulaciones locales, métodos de pago y adquirentes puso en evidencia la complejidad de los modelos tradicionales, lo que impulsó la transición hacia arquitecturas más modulares y escalables capaces de centralizar y optimizar la operación de pagos.

En el caso de Colombia, esta transformación cobra especial relevancia en un mercado donde los pagos digitales continúan ganando terreno. De acuerdo con cifras del Banco de la República y la Superintendencia Financiera, durante 2025 más del 70 % de las transacciones electrónicas del comercio electrónico se realizaron a través de transferencias bancarias y billeteras digitales, impulsadas por soluciones como PSE, Transfiya y pagos con QR. Este crecimiento ha incrementado la complejidad operativa para las empresas, que hoy deben gestionar múltiples métodos de pago, adquirentes y estándares regulatorios, acelerando la adopción de infraestructuras de pago más flexibles y modelos de orquestación que permitan optimizar la experiencia del usuario y la eficiencia operativa.

En este contexto, 2026 se perfila como un año de consolidación para la orquestación de pagos, un enfoque que conecta múltiples pasarelas, procesadores y métodos de pago desde una sola capa tecnológica. Este modelo permite enrutar, monitorear y optimizar las transacciones en tiempo real, mejorar las tasas de aprobación, reducir fricciones operativas y aumentar la resiliencia de los sistemas de pago ante fallas o picos de demanda.

Según Yuno en su artículo Cómo Elegir la Mejor Plataforma de Orquestación de Pagos, este cambio responde a una mayor claridad en el mercado sobre qué debe ofrecer una plataforma de orquestación de pagos: cobertura multirregional, inteligencia de enrutamiento, integración flexible, analítica unificada y confiabilidad operativa. Estos criterios están guiando la toma de decisiones de las empresas que buscan modernizar su infraestructura de pagos y acompañar su crecimiento en distintos mercados.

Entre las tendencias que ganan relevancia destacan la observabilidad de las transacciones, el uso de datos para optimizar el desempeño de los pagos y la capacidad de integrar nuevos métodos de pago de forma ágil, sin desarrollos complejos. Asimismo, las empresas están priorizando plataformas que ofrezcan escalabilidad y control centralizado, con el objetivo de construir infraestructuras que evolucionen junto con el negocio.

“De cara a 2026, las empresas demandarán infraestructuras de pagos que les permitan tomar decisiones más informadas y operar con mayor resiliencia. La experiencia de 2025 dejó claro que los pagos ya no pueden gestionarse como un proceso aislado o estático, sino como una capa estratégica del negocio. Hoy, la infraestructura de pagos debe ofrecer control, flexibilidad y visibilidad en tiempo real para adaptarse a distintos mercados, integrar nuevos métodos de pago con rapidez y optimizar cada transacción sin añadir complejidad técnica. La orquestación responde precisamente a esa necesidad de eficiencia y evolución continua”, señaló Walter Campos, General Manager de Yuno para Latam .

En este escenario, la infraestructura de pagos se consolida como un habilitador estratégico para el crecimiento sostenible. La posibilidad de centralizar integraciones, optimizar rutas de pago y escalar operaciones internacionales será un factor determinante para las empresas que buscan competir en un entorno digital en constante evolución.

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