Las empresas pierden 300 mil dólares cada hora debido a caídas operativas por cuenta de fallos en tecnología
Las caídas tecnológicas son uno de los riesgos más costosos para las empresas de sectores industriales y de servicios críticos. Un ejemplo es la parálisis de líneas de producción automotriz cuando falla la nube que almacena información clave del proceso productivo, como el orden de ensamblaje, los movimientos de los robots de soldadura o las especificaciones de pintura de cada vehículo.
El impacto económico de estos incidentes es significativo: un estudio de McKinsey muestra que el 88 % de las organizaciones que sufren interrupciones en sus plataformas tecnológicas registran pérdidas superiores a los USD 300.000, mientras que el 40 % enfrenta impactos que superan el millón de dólares por interrupción, en los cuales computadoras, redes o servicios digitales dejan de funcionar, por errores de software, ciberataques fallos de hardware o actualizaciones defectuosas.
El problema es especialmente recurrente en industrias críticas tales como la manufactura. Investigaciones de la consultora IIOT señalan que los fallos tecnológicos tienen una duración promedio de cuatro horas, con hasta 20 incidentes mensuales, lo que equivale a cerca de 800 horas de inactividad al año.
A este escenario se suma el costo directo de la inactividad. Datos recopilados por ABB estiman que una hora de interrupción durante una falla de continuidad puede costar en promedio USD 125.000, y que muchas interrupciones se extienden durante varias horas o incluso días.
Las causas son diversas: desde caídas de marketplaces por problemas en el procesamiento de pagos hasta ataques de ransomware orientados a secuestrar información crítica. En muchos casos, la recuperación se retrasa debido a la complejidad de las infraestructuras o sobrecargas de tráfico en las redes.
El aumento de los ciberataques ha intensificado este riesgo. Según un reporte citado por Mastercard, el costo promedio de un ataque para pequeñas y medianas empresas oscila entre USD 120.000 y USD 1,24 millones por incidente, lo que confirma que el impacto de una interrupción tecnológica ya no distingue entre grandes corporaciones y compañías de menor tamaño.
En ese contexto, Luis Gabriel Castellanos, Country Manager de IFX en Colombia, advierte que “la continuidad empresarial ya no es un tema exclusivo de tecnología. Hoy define la capacidad de una empresa para cumplirle a sus clientes, proteger sus ingresos y sostener su crecimiento en entornos cada vez más volátiles”.
En esa línea, el experto concluye a través de las siguientes tendencias que la continuidad no está solo en crecer, sino en asegurar que la operación no se detenga, incluso cuando ocurren fallos inevitables:
1. La presión de la demanda digital obliga a repensar la capacidad tecnológica
Con más procesos, usuarios y servicios conectados, muchas empresas han descubierto que su infraestructura no fue diseñada para responder con la velocidad, estabilidad y escalabilidad que hoy exige el mercado. Reforzar la capacidad tecnológica pasó de ser una mejora para convertirse en una condición básica para sostener la operación sin interrupciones.
2. La nube necesita estar más cerca: la latencia se volvió un factor competitivo
La latencia —el tiempo que tarda la información en viajar de un punto a otro a través de la red— dejó de ser un detalle técnico para convertirse en una variable de negocio. En sectores como comercio, salud, industria o servicios financieros, unos pocos milisegundos pueden marcar la diferencia entre una operación fluida y una interrupción crítica. Por ello, crece la demanda por infraestructuras locales y regionales, más cercanas al punto donde ocurre la operación.
3. Las nuevas aplicaciones exigen potencia y disponibilidad permanente
La adopción de inteligencia artificial, analítica avanzada y procesamiento intensivo de datos está elevando los requerimientos tecnológicos de las empresas. Estas aplicaciones demandan cómputo de alto desempeño, como infraestructuras con GPUs, y no toleran interrupciones prolongadas. En este escenario, la continuidad depende de contar con capacidad suficiente, cercana y disponible de forma permanente.
4. Seguridad desde el diseño: proteger la operación es proteger el negocio
Cada nueva implementación tecnológica amplía la superficie de riesgo. Por eso, la ciberseguridad dejó de ser un complemento para convertirse en un principio de diseño. Las empresas más resilientes son aquellas que integran la protección desde el inicio de sus proyectos, entendiendo que una operación insegura es, en esencia, una operación vulnerable.
5. La continuidad empresarial como ventaja competitiva
Infraestructuras resilientes, esquemas de respaldo externos, planes de recuperación ante desastres y conectividad redundante dejaron de ser medidas defensivas. En un entorno donde cada minuto de inactividad tiene un costo tangible, la continuidad empresarial se consolida como un diferenciador competitivo real, capaz de proteger y aumentar ingresos, afianzar relaciones comerciales y reputación.

